lunes, 30 de mayo de 2011

Sontag

En la Ñ del sábado pasado, Martín Schifino escribe sobre la edición del primer tomo de los diarios de Susan Sontag.

Este es mi pequeño aporte, un breve "me parece":

“¿Por qué leemos un diario de escritor? ¿Porque ilumina sus libros? –se pregunta Susan Sontag en El sufridor ejemplar, artículo que le dedica al escritor italiano Cesare Pavese en su libro Contra la interpretación, publicado por primera vez en 1969 -. Con frecuencia, no. Más probablemente porque el diario es material en bruto, aún cuando haya sido escrito con miras a una futura publicación.” En Pavese, para Sontag, el diario es un vehículo para transformarel sufrimiento en arte. En sus propios diarios, Sontag sufre apenas. No se lamenta. Se prescribe. El tono es generalmente imperativo: “tengo que” es el comienzo de una gran cantidad de entradas. Como muchos de sus colegas escritores llevadores de diarios, Sontag fue reconocida y admirada, aplaudida, premiada, y elogiada, pero no por haber logrado lo que hubiera querido. Parte de su triunfo también fue su fracaso. Leyendo sus diarios descubrimos a una mujer que pone a pulsear su yo racional, intelectual y erudito contra su otro yo, pasional y egotista, que desea convertirse en una narradora más que en una pensadora o ensayista. “¿Cómo hacer que mi tristeza sea algo más que la lamentación del sentimiento? ¿Cómo sentir? ¿Cómo arder? ¿Cómo logro que mi angustia sea metafísica?” se pregunta. Y es ahí cuando da el brazo a torcer.