lunes, 23 de mayo de 2011

No Ficción

Esta es la crónica que publiqué en la Ñ del sábado pasado sobre mi experiencia con los alumnos que estudian en la extención de la Universidad de San Martín que funciona dentro de un penal de máxima seguridad.



Aprendizaje en el encierro

Por Virginia Cosin

En la estación Retiro me pierdo. No se a cuál de los andenes tengo que dirigirme, qué ramal tengo que tomar, en qué ventanilla sacar el boleto. Nunca tomo trenes. No soy de salir mucho de Capital. Ya estoy sentada en uno de los vagones. No era tan difícil. Ahora tengo que contabilizar una a una las estaciones en las que el tren se detiene para no pasarme: Tres de Febrero, Carranza, Colegiales, Belgrano R, Drago, Urquiza, Pueyrredón, Miguelete, San Martín. Acá me bajo yo.

Hace un par de días un director de cine me entrevistó para que escribiera el guión de su próximo proyecto. Se trata de una película documental sobre el CUSAM; una extensión de la Universidad de San Martín que funciona dentro de la Unidad Penal de máxima seguridad N° 48 de José León Suárez y pertenece al Complejo carcelario Conurbano Norte. Ahí se dicta la carrera de Sociología y pueden cursarla tanto personas privadas de su libertad como personal del servicio penitenciario. Ahora estoy yendo a conocer el penal y a entrevistar a algunos de los estudiantes. Se que estoy por ingresar a una dimensión desconocida, un mundo que me es ajeno por completo y cuya realidad, a la vez, me atraviesa cotidianamente. Estoy inquieta. No es miedo.

10:45 a.m

Camino desde la estación hasta el centro comercial de San Martín y tomo un remís. Son unos diez minutos de trayecto a lo largo del cual la vista desde la ventanilla cambia radicalmente de forma y color. Los chalecitos del centro ceden paso a casas de chapa y calles angostas. El auto bordea las instalaciones del CEAMSE y el Parque Recreativo San Martín, desde donde llegan los ecos de un grupo de chicos jugando a la pelota. Cuando paramos en el primer puesto de control se acerca un guardia que me pide los documentos y después de verificar mis datos abre la barrera para que acceda al complejo. Cuando llego al final del camino me topo con otra barrera. Se acerca un nuevo guarda que me revisa la cartera. Me hace dejar llaves, celular y me pregunta si tengo algún objeto de valor. Le digo que no. Me recomienda que para la próxima no traiga billetera ni, en lo posible, dinero. Bajo del auto. El guardia busca la llave, abre el candado y ya estoy adentro. El lugar está circundado por un alto alambrado de púa. El color que predomina es el gris, aunque hay ciertas porciones de tierra con algo de verde. Unos pasos más adelante hay un segundo puesto de control. Pero ese no es para los visitantes, como yo, sino para los presos nuevos que ingresan al penal. Es la famosa “Leonera”. Ahí, me cuentan, desnudan al que recién llega, lo revisan y lo interrogan para determinar a qué pabellón lo van a derivar. Si no tiene conocidos adentro, lo mandan a un pabellón “de población”. Eso significa que va a necesitar mucha suerte para no terminar matando o muriendo.

11:18 a.m

Después de cruzar otra puerta enrejada, accedo a un patio central circundado por los pabellones, desde los cuales puedo ver las caras, apretadas contra los barrotes de las ventanas, de hombres curiosos que quieren saber quién soy. Para llegar al CUSAM todavía tenemos que cruzar dos rejas más. Es una edificación pequeña y rectangular, parecida al resto de los pabellones, rodeada de un espacio parquizado y, al fondo, más alambres de púa. Apenas ingreso me encuentro con algunos internos que toman mate. Hay cuatro aulas, una dirección, una biblioteca, una sala de mantenimiento y limpieza. Algunas paredes están pintadas de azul y de ellas cuelgan afiches escritos a mano. Uno dice: “Centro de estudiantes Revolucionarte”. La coordinadora académica les está repartiendo cosas: gotas de colirio, cigarrillos. Me saludan con cortesía y respeto casi reverencial. Me tratan de usted, me ofrecen agua, jugo, mate. La mayoría lleva puesta ropa deportiva de marca y zapatillas. Los más grandes, jean y remera o camisa. Me miran con interés y me sonríen. Sus rostros tienen algo desencajado. No tanto por las dentaduras irregulares e incompletas, sino por cierto peso que se les adivina en la frente, las cejas inclinadas hacia abajo, las comisuras de la boca un poco torcidas. Como un avioncito de papel que pasa por el cielo zumbando apenas, se me cruza la idea: ¿qué pasaría si alguno de ellos quisiera hacerme daño ahora? ¿Hay alguien acá que podría impedirlo? Me acuerdo también de una película inglesa que vi alguna vez en cable, en el que una psicóloga se enamora de un preso. Creo que la protagonizaba Tim Roth y Julia Ormond.

11: 22

No estamos en horario de clases pero los que están autorizados pasan todo el tiempo posible acá. Limpian, hacen manualidades, ordenan la biblioteca, reparan las instalaciones, leen, se juntan a tomar mate. Es una zona franca en la que reclusos y guardias se tratan de igual a igual. Aunque las “escopetas” del otro lado del enrejado pueden convertirse en los peores enemigos, en este sector vuelven a ser lo que en realidad son: tipos de la misma edad que vienen más o menos de los mismos barrios y que ciertas decisiones y circunstancias pusieron en veredas opuestas. Se les permite estar acá hasta las 18 Hs. Después viene el “engome”: la hora en que todos tienen que estar dentro de los pabellones. Al rato llega el Mosquito. Es uno de los reclusos que formaron parte del proyecto del CUSAM desde el principio. Los que eligieron Sociología cuando les ofrecieron las opciones de carreras posibles. El Mosquito es flaco y largo. Le calculo unos cincuenta años, pero podrían ser muchos menos. O más. Es difícil saber. Tiene las mejillas hacia adentro, los ojos hundidos, los labios muy finitos. Habla rapidísimo y me cuesta seguirlo. Enseguida me doy cuenta de que es el carismático del grupo. Pero además algunos le temen. Se nota por la forma en que le hablan o la distancia que toman al sentarse en la misma habitación. Cuando me dirige la palabra lo hace como si me lanzara misiles. Me intimida. Habla de sistemas de dominación, de microfísica del poder. Cita a Weber, a Fucoault, a Agamben.

Entramos en una de las cuatro aulas. Las sillas están dispuestas en ronda. En las paredes de ladrillos hay afiches. Todo está limpio y ordenado. Nos sentamos frente a frente. Un hombre entra y le entrega un mate ya preparado con yerba y un termo.

El Mosquito va a ser, de todos los presos con los que me entreviste, el único que no tendrá reparos en mencionar los motivos por los que está encerrado: “Una vez saqué a pasear a un juez en baúl…”, me ceba un mate, tomo, me río con él y se lo devuelvo vacío. “Y en una época trabajaba haciendo salideras bancarias”. Me vuelve a ofrecer un mate. No tengo tiempo de pensar ahora. Pero en un rato voy a caer en la cuenta de que si me encontrara con este mismo hombre en otro lugar y en otras circunstancias, en vez de estar riéndome con él, yo podría ser su víctima o su enemiga. Recuerdo una anécdota que me contó uno de los profesores de la carrera que da una materia acá. Caminando por la calle, un día, se le cruza un hombre que lo amenaza con un cuchillo y le ordena que le de su billetera. El profesor, con complicidad, le dice: flaco, yo trabajo en la cárcel dando clases. El hombre le contesta: todo bien con tu trabajo, yo estoy haciendo el mio. Dame la guita.

12:18 p.m.

Es porque estamos en el lugar preciso de la coyuntura, ese que hace ruido, donde los huesitos son cartílagos y se les puede entrar para partir en dos la presa, que estoy tan emocionada. El Mosquito no es un tipo malo que se hizo bueno. Es mucho más complejo. “Esta es una construcción de todos”, me dice y en su discurso los términos académicos y los tumberos –cuyos significados se me escapan, y para los que pido traducción simultánea- se cruzan para formar una red en plena mutación. “Yo empecé a laburar de ladrón y a los dos días le compré una casa a mi vieja. ¿Qué estudiar? Después te das cuenta de que sos parte de un sistema. Que sigamos siendo marginales es su negocio. No somos nenes de pecho –me aclara- hicimos cosas jodidas. Por eso, cuando entra un pibe “picante”, con pasta de líder, hacemos todo lo posible para traerlo de nuestro lado. La plata está acá, le digo yo”. “Acá” es en la Universidad. Y para demostrarme que a sus palabras no se las lleva el viento, me ilustra con la realidad: “el pabellón de los estudiantes es el más pacífico de todos.” A esta altura, ya forman parte de la elite de la cárce

l, pero no por detentar un poder construido en función de la amenaza, sino por haberse ganado voz y voto. “Hay que aprender a usar las herramientas del lenguaje. En un pabellón tumbero lo único que ves es puñalada y reja. En el de los estudiantes somos unos cuarenta tipos en un espacio que es máximo para la mitad. Obviamente se producen discusiones, la convivencia no es fácil, pero hasta ahora no hubo una sola faca ahí adentro.” Construcción y lenguaje, anoto mentalmente. Hacer habitable lo que, por definición, es inhabitable.

13:00

Ya me tomé dos pavas de mate. Me avisan que el remís que había pedido para que me lleve hasta la estación ya llegó. Mosquito me acompaña. Me despido de todos. Un chico que antes me preguntó qué hacía y al que le contesté que era escritora, me pide que lo espere un minuto. Sale corriendo y me trae impresas unas páginas escritas en computadora. Es un relato, mezcla de ficción y rrealidad, sobre su vida. Le prometo leerlo y traerle un comentario cuando vuelva a visitarlos. Cruzo las puertas enrejadas que los guardias van abriendo a nuestro paso hasta llegar a la última, desde donde los despido. En pocas horas el tren va a volver a depositarme en Retiro. Si esto fuera una película, pienso, me enamoraría de alguno, o me quedaría a vivir acá. Pero nada de eso va a suceder. Voy a volver a mi casa, me voy a sentar a escribir. El proyecto del documental finalmente quedará en veremos y yo no voy a volver a ver a ninguno de ellos. Mosquito me saluda con un abrazo y me advierte: Portate bien, porque sino, ya sabés lo que pasa. Yo lo miro desconcertada. ¿Qué pasa?. ¡Terminás acá!, me contesta. Y agrega: y si te portás mal, que no te atrapen.

8 comentarios:

Berenice dijo...

Me encantó tu relato. Me acelera un poquito las pulsaciones como si las rejas se fueran abriendo frente a mí... Es una aventura intimidante la contás.Me gustó mucho.

Anónimo dijo...

En alguna partes te fijaste mas en la descripcion del interno que a lo que realmente fuiste a investigar .. lo mataste a mosquitooo no es tan asi chee jeje .. yo tengo a mi marido en la 48 y el otro dia me mostraron esta nota.. seguro que pronto vas a tener una respuesta de los q le parecio tu nota a los chicos .. iguall fuiste re valient animarte a entrar a entrevistas.

Lorena

V. C. dijo...

Lorena: gracias por comentar. Me interesa muchísimo saber qué les pareció a ellos. Lo que fui a investigar no es el tema de la nota, porque finalmente no participé del proyecto para el cual las entrevistas tuvieron su fin. El relato intenta dar una mirada personal y por tanto subjetiva de una experiencia, la mía. Seguramente hay mil relatos posibles más. Al Mosquito y a José y al resto les estoy plenamente agradecida por brindarme su confianza. Nada me hubiera gustado más que seguir yendo y laburar, de la forma que sea, con ellos. Al Mosquito lo transformé en un personaje -algo inevitable cuando se escrine, aunque la nota entrara dentro de la categoría de "no ficción". Espero de corazón que no se quede con una mala impresión de la nota, porque para mi él es un capo total.
Saludos muy cordiales.

Anónimo dijo...

obviamente , concuerdo con vos hay miles de relatos que se podrian hacer ya que ante la situacion de encierro todos pueden tener diferentes puntos de vista.. todos leyeron tu nota ya publicada en la edicion d ñ y estan trabjando en escribirte una respuesta pero todos sacando diferencias que tienen con respecto a la nota valoran la accion de que alguien se acerque a charlar con ellos .. gente de la calle como dicen ellos .. yo encontre tu blog y se los voy a pasar para que te redacten algunas lineas .
suerte y me gusta mucho tu blog ..

V. C. dijo...

Muchas gracias otra vez. También pueden escribirme a mi mail, si tienen ganas. Es: vircosin@gmail.com

Anónimo dijo...

Estimada Virginia Cosin ,

Ante todo me pesento , soy docente de Ingles , y ademas de desempeñar mi labor en diferentes instituciones he dictado clases por un periodo de 6 meses a los internos de la unidad penal nº 48 de General San Martin que asisten a la extencion de la universidad de dicha localidad . A pesar de mi corta edad he tenido el privilegio de brindar mis cononcimientos a diferentes clases de personas desde niños especiales hasta personas que se encuentran en situacion de encierro pero que a la hora de transmitir mis conocimientos son personas sin "tildes" sin "caracteristicas especiales" , hombres , mujeres adolecentes , niños que desean adquirir nuevos conociemientos sin importar condicion

Actualmente no estoy dictando clases en el complejo penitenciario pero mi desempeño y actitud permitieron que me mantenga en contacto con mis ex alumnos , los cuales me comentaron de su vista y aposteriori de su "redaccion""relato" de la experiencia alli vivida . Ellos valoran que se acerquen a dialogar y difundir las actividades que realizan en la universidad ya que el objetivo de ese proyecto es que se sientan pares de la sociedad y que su situacion no los limite. Comprendo que usted es profesional y fue a entrevistar para un futuro proyecto , que por lo leido ha quedado trunco . Lo que genera malestar entre los internos participantes de su relato es el uso de algunos terminos , que si bien estamos en una sociedad de libre expresion , no nos han parecido correctos . Por ejemplo el hecho de que usted haya "diseñado" un personaje basado en una persona real que por razones equis esta en la situacion que todos estamos al tanto , no es constructivo , al menos desde nuestro punto de vista .. ¿que suma una descripcion sobre alguien que por los años y alguna situacion en particular no cuenta con su dentadura o que su aspecto fisico "encaja" con su opodo , en este caso mosquito ? ... los comentarios que usted hizo, sin animo de ofender , no son afortunados generan que la mayoria de los ciudados que leyeron la "fabula"(terminno que aplican varios de los internos que participaron en la entrevista)
asientan el termino de que : "todos las personas privadas de su libertad son iguales, sin dientes , con aspecto despolijo etc etc etc" , por que usted y yo sabemos que la gente "de afuera" , la gran mayoria piensa y opina de esa manera . Tambien genera cierto temor y nadie esta en papel de victima o victimario porque tal como se lo han dicho "no son nenes de pecho" , pero deseaban y deseaba leer algo de contenido con tintes de realidad del ambiente que predomina en la universidad , es "cuento viejo" , preguntar motivos de encarcelacion . Reitero sin animo de ofender , pero al leer el encabezado del articulo en cuestion supose que leeria una redaccion sobre la impresion de una "escritora" que graficaria el"aprendizaje en el encierro".
He estado en el mismo lugar que usted y hablo con conocimiento del dia a dia que se vive en esas aulas que tratan de sociabilizar a estos hombres con deseos de progresar , expandir sus conocimientos para no volver a la oscuridad, es por eso que transmito mi opinion y punto de vista tanto en rol de profesional y de ciudadana .

Saludos cordiales,
Jesica Gauna .

V. C. dijo...

Hola, Jesica. Te agradezco el comentario y que me transmitas las sensaciones tuyas y de la gente que la leyó.
Entiendo perfecto que la percepción sobre mi nota para quienes conocen el penal desde adentro y viven la realidad del encierro como cosa cotidiana haya sido la que me comentás.
Por mi parte -esto puede agradar o no, pueden estar de acuerdo o no- la escribí pensando en no ser complaciente. Ni con ellos, ni conmigo. Sobre todo conmigo. Lamentablemente conté con poco espacio para explayarme más. Tuve que hacer un recorte. Y, equivocadamente o no, es el que elegí. Si mi descripción del mosquito y del resto se leyó como un estereotipo, entonces tienen razón: ahí la pifié. Por otro lado, no "diseñé" un personaje. Simplemente, entre el modelo y la copia media la percepción del que retrata y por lo tanto el real jamás va a ser el mismo que el retratado. Pretender que existe la "objetividad" para mi no tiene sentido. Tengo que admitir que en la nota me jugué a hacer algo polémico y por tanto se que puede haber reacciones disgustadas. Elegí mostrar mi ambivalencia, elegí mirarme a mi misma, también para cuestionarme.
De todas formas, sería absurdo pretender contar con el beneplácito de todos los que la leyeron.
Ojalá puedan también leer allí -lo vuelvo a repetir- cuanta admiración y respeto siento por ellos y por ustedes, los docentes. Si se fijan bien, en la nota está.
Gracias otra vez,

Virginia.

V. C. dijo...

Agrego una cosa más, y ya. Y no es con ánimos de defenderme (soy la primera en pensar siempre que puedo no tener razón), sino para que puedan entender y no sentirse frustrados: la nota no es una nota periodística sobre el CUSAM. Es una crónica, en primera persona, de una experiencia. La de alguien que se topa con un mundo desconocido y las sensaciones que ese mundo le despierta. Lo digo, porque si la sensación es que a la nota le falta "rigor" e información, si, le falta. El aprendizaje en el encierro del título (que no elegí yo, sino el editor de la revista) se refiere tanto al aprendizaje de los alumnos del CUSAM como al mío.