lunes, 25 de abril de 2011

Esos raros escritores nuevos


El Escritor comido

Sergio Bizzio

Ed. Mansalva

222 páginas

Por Virginia Cosin

Para Ñ

Un escritor inmensamente famoso llamado Mario Saupol decide hacerse pasar por muerto para saber qué dicen de él. Con este puntapié arranca El Escritor Comido, última novela de Sergio Bizzio. Y de ahí en más la trama se dispara, como un globo hinchado que se suelta con el pico abierto, en una carrera alocada en todas direcciones mientras va dejando escapar de a poco el aire.

Esta es la decimoprimera novela de Bizzio, que no solo escribe literatura sino que también es guionista, cineasta, músico, y que además publicó tres obras de teatro (dos en colaboración con Daniel Guebel), cinco libros de poemas y uno de cuentos.

Tema recurrente en la obra de Bizzio: la cultura de masas. Primero, parodiada en Planet (1998), en donde dos actores de telenovela llamados Osvaldo Kapor y Gustavo Denis -obvias referencias a Osvaldo Laport (que, dicho sea de paso, protagonizó uno de los tanques televisivos cuya firma autoral era de Sergio Bizzio) y Gustavo Bermúdez- son raptados por un comando extraterrestre para mejorar la calidad televisiva de su planeta. Luego, abordado de forma más realista en –hasta ahora- su novela más ruidosa, (gracias a los innegables vínculos de los personajes y acontecimientos de ficción con los de su propia biografía) en Era el cielo (2007), donde el narrador es un guionista de TV que vuelve a convivir con su mujer y su hijo luego de un período de separación. Y en Realidad (2009), cuya acción transcurre en el set de Gran Hermano, al que un comando terrorista asalta para manipular a los cinco participantes que quedan en “la casa”.

La novedad, en El escritor comido, es que los mecanismos de la fama, el poder, el dinero, el mercado, la sociedad y el espectáculo, que hasta el momento habían sido abordados desde una mirada sobre el mundo de la televisión, ahora hacen referencia al mundo de la literatura. Quizás porque ahora los escritores se parecen más a estrellas de cine que a escritores: sus libros se promocionan como películas con trailers en youtube, aparecen en festivales, dan conferencias de prensa, son protagonistas de escándalos mediáticos y así: el libro no es nada, la imagen es todo. Entonces, El escritor comido se puede leer, desde su título, como una metáfora “a lo Barthes” que declara, bestialmente, la muerte del autor. Pero además, y esto quizás sea una virtud, puede ser leído, simplemente, como una obra divertida, ingeniosa, por momentos delirante, llena de guiños de complicidad –imposible no soltar carcajadas cuando, para dar cuenta del nivel de fama y éxito de los best sellers de Mario Saupol, Bizzio cita las admiradas declaraciones sobre su “obra” de personalidades como Barbara Streisand o Umberto Eco (que quedan irremediablemente equiparados en la misma bolsa de gatos de los ricos y famosos).

Pero hay más. Porque si bien El escritor comido divierte, también toca unas cuerdas que vuelven a tejerse como en algunas de sus obras anteriores –sobre todo en el libro de cuentos Chicos (2004), en el que el relato Tótem pareciera ser un precedente de buena parte de este libro- que no son necesariamente las que dan cuenta de la desmesurada inteligencia de Bizzio, ni de la originalidad de la Idea, sino por el contrario, de la destreza para plasmar terrenos inseguros: las relaciones amorosas, la mirada ajena, el desengaño, el paso del tiempo, los celos, el deseo y el dolor. Si hubiera que elegir una clave de lectura, esa sería, en mi opinión, la más placentera.