Ilustrado.
Miguel Syjuco.
Ed. Tus Quets.
384 páginas
Traducción: Victoria Alonso Blanco
Por Virginia Cosin
Para Ñ
Miguel Syjuco, joven autor filipino acreedor del prestigioso Man Asian Literary Prize por su primera y exitosa novela Ilustrado, aparece en varios videos colgados en You tube promocionando su novela: parado de espaldas a una gran biblioteca habla en perfecto inglés. Viste un elegante traje sport de diseñador caro: parece un modelo de Vogue.
La acción de Ilustrado transcurre en Filipinas, un país de Asia cuya identidad ha ido variando a través de su historia con las sucesivas conquistas –los cuatro siglos de colonización española que terminó con la guerra en la que vencieron los Estados Unidos– visto desde los ojos de un filipino que, autoexiliado de su país, regresa a él muchos años después. La historia comienza con un cadáver hallado en el Río Hudson, el del escritor Crispín Salvador, una leyenda de las letras filipinas. Se sabe que ha dejado un manuscrito llamado "Los puentes en llamas" y, según se comenta, es el más controversial de una obra conocida, principalmente, por su carácter revulsivo y contestatario. Pero nadie sabe dónde lo ha guardado. A partir de allí entra en escena un ex alumno de Crispín, que con el correr del tiempo se transformó en un especie de discípulo/amigo y al momento de conocer la noticia de su muerte, se encuentra en Nueva York.
El joven estudiante, cuyo nombre es –¡Oh, casualidad!– Miguel Syjuco, viaja a Manila para emprender una suerte de pesquisa con el objetivo de averiguar los motivos de la muerte de su mentor. Así se embarca en la búsqueda del manuscrito y, a la vez, comienza a tomar notas para escribir una biografía de Crispín Salvador. Sin proponérselo, de todos modos, no son respuestas las que encuentra, sino preguntas. Sobre su propio pasado, su historia, la historia de su familia, y la de su convulsionado país.
A pesar de que el comienzo del libro pareciera el de un característico policial negro, nada se aleja más de Ilustrado que la aplicación a un género determinado. Las fibras del libro componen un tipo de entramado discontinuo e irregular. Hay narración en primera y segunda persona. Los capítulos van desde fragmentos dispersos de todas las obras escritas y publicadas por el mítico autor –ensayos, novelas, un libro de memorias titulada autoplagiario– hasta la reproducción de entrevistas aparecidas en medios gráficos, mails, mensajes de texto, fragmentos de películas, chistes populares de la cultura filipina, noticias sobre los affaires entre la farándula y la política, diálogos, entradas de blogs, comentarios a esas entradas, ensoñaciones, y más. Una obra, en fin, con todos los rasgos de la contemporaneidad que vienen atravesando a la literatura, no ya de un país, sino del mundo globalizado: el patchwork como lenguaje, la forma deforme, la multiplicación de puntos de vista, las pantallas como elementos que transforman los modos de leer y de escribir, los vínculos (o links) que rompen con la linealidad del relato.
El posible error de Syjuco –o de esta novela, al menos– es que su afán de experimentar, llega un poco tarde. Y lo más triste es que pareciera saberlo, a juzgar por las palabras que pone en boca de uno de sus personajes: "El problema de ese libro es que su misma obsesión por lo nuevo lo hacía de por sí obsoleto".
Ilustrado es como una de esas películas que, casi desde que empieza, el espectador más o menos avezado, llega a la conclusión de que ha sido diseñada para ganarse un Oscar de la real Academa de Hollywood. Incluyendo el final que, como aclara el propio Miguel Syjuco, con una sonrisita entre dientes desde Youtube, "viene con sorpresa".
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