sábado, 26 de febrero de 2011

Descubriendo a Elisabeth Bishop

Ayer me metí en ese especie de remolino que es, para mi, la librería Prometeo (entre otras librerías muchas) y el poder de atracción de algunos títulos empujó mi mano hacia la billetera. Tuve que comprarme:
1. Desgracia, de Coetzee.
2.Un sopolo de vida, La pasión según G.H y Un aprendizaje o el libro de los placeres, de Clarce Lispector.
3. Una locura cotidiana, de Elisabeth Bishop.

Este último, se me imantó al cuerpo. Me había prometido solo hojearlo.Pero soy débil. Son solo ocho cuentos y constituyen la prosa completa de esta escritora que fue,básicamente, poeta. Encantadores, crueles, luminosos, coloridos, transparentes, espesos y livianos a la vez.
Buscando en Internet sus poemas encontré este, traducido por Ezequiel Zaidewerg. Y me enamoré todavía más.

Un arte (Elizabeth Bishop)

El arte de perder no es un arte difícil;
tantas cosas parecen colmadas de un propósito
de pérdida que cuando se pierden no es muy trágico.

Pierdan a diario algo. Acepten la molestia
de extraviar el llavero, la pérdida de tiempo.
El arte de perder no es un arte difícil.

Practiquen perder, luego, más cosas y más rápido:
lugares, nombres, dónde era que estaban yendo.
Ninguna de estas cosas es demasiado trágica.

Perdí el reloj materno. Y miren, se me ha ido
la última,o penúltima, casa que tanto amaba.
El arte de perder no es un arte difícil.

Dos hermosas ciudades, perdí. Y algunos reinos
que poseía, dos ríos y un continente.
Y aunque, sí, los extraño, no fue una cosa trágica.

Incluso tras perderte (la voz mordaz, un gesto
que amo) no habré dicho una mentira. Es obvio
que el arte de perder no es cosa muy difícil
aunque parezca a veces (¡anoten!) algo trágico.

1 comentarios:

La cámara lúcida dijo...

que bello, pero me angustió, lo confieso.